Mater Class “Erotismo y fotografía” con Mariano Vargas

Mariano Vargas es un fotógrafo nacido en Algeciras y considerado uno de los mejores fotógrafos eróticos contemporáneos. Sin embargo, como ocurre a menudo, la fotografía de Vargas ha tenido hasta la fecha más repercusión fuera que dentro de España. Regresó de Londres con un premio al mejor libro de fotografía erótica del año; la revista ‘Playboy’ alemana escogió una de sus imágenes para su monográfico sobre fotografía artística; ha publicado conTaschen; y varias revistas italianas han divulgado sus retratos. La situación, sin embargo, empieza a cambiar poco a poco. La edición española de “Avenue Illustrated” ha dedicado a Vargas el reportaje ‘Mirada cómplice’.

El taller, todo un clásico de la Escuela de Fotografía de UFCA, se ha conceptuado como una experiencia de trabajo con el artista. Una Master Class en la que los alumnos descubren sus técnicas, los bocetos, el atrezo, la importancia de comunicación con el modelo, desarrollando durante el taller un proyecto de arte de principio a fin.

Mariano se enamoró de la Belleza antes de alcanzar el uso de razón. Ajeno a las modas, ha ido elaborando un inmenso y particular mundo que combina con éxito tradición y contemporaneidad. Su obra se encuentra imbuida por el misterio surrealista que imprimen las combinaciones imprevistas pero posibles, los espacios oníricos pero reconocibles, el erotismo turbador pero elegante. Todo apoyado con una técnica impecable y un sentido compositivo derivado de la tradición.

Las madonnas quizá sean lo más conocido de Vargas. Son retratos de mujeres en los que se entremezclan elementos contemporáneos con estéticas renacentistas y, ocasionalmente, barrocas. Es la cara más popular del fotógrafo, pero Vargas siente la necesidad de dar un giro a sus propuestas. «Quiero crear fotogramas en la vida de una mujer, mostrarla en un punto ante el cual el espectador se pregunte cómo ha llegado hasta ahí y qué ocurrirá a partir de entonces»,

El cambio de rumbo supondría otra forma de trabajar, como dar protagonismo al formato horizontal para que el escenario de la fotografía no sea un mero accesorio. «Me apetece construir escenas inquietas que den pie a una narración y, sobre todo, iluminar mis fotografías», Todo apunta a que Vargas está cerca de un nuevo comienzo.

Todo empieza con un destello de la intuición. Mariano Vargas camina y respira siempre con los sentidos atentos a cualquier atisbo de belleza. Puede estar en cualquier lugar y en cualquier instante. No se deja engañar por lo evidente y busca sin tregua. Fija la mirada en un hombro semidesnudo iluminado por la lámpara de un café y desdibujado por las líneas difusas del humo. Escrutina las sonrisas obligadas que asoman tras los mostradores de las tiendas hasta encontrar una diferente. Alguna vez se ha descubierto a sí mismo siguiendo los pasos apresurados de una desconocida porque le ha parecido ver de soslayo una nuca de porte renacentista. Es el principio y el fin. Es la belleza atrapada en la figura de la mujer única y con silueta de enigma.

El fotógrafo recurre entonces al pintor que nunca le abandonó y traza un boceto rápido sobre el papel para no perder el momento. La mujer aporta su presencia, él crea la circunstancia que hace de la mujer el eje en torno al que gira el mundo sin que ella lo sepa. Encuentra a la mujer y la mujer le dice sin palabras quién puede llegar a ser. Se despoja de sus ropajes y deja que sea el espacio creado por el fotógrafo el que la envuelva para mostrar lo que siempre ha sido sin saberlo. Una madonna sostiene en la mano una flor metálica de aristas imposibles, otra deja rodear su cuello translúcido por una serpiente y una tercera desafía al espejo sin miedo a perder la batalla.

Mariano Vargas oscila entre un pasado poblado de referencias y un futuro en el que es él quien decide el final de cada historia. La cámara es poco más que un sustituto del pincel. Utiliza sin complejos las herramientas a su alcance para acercarse a la perfección de las líneas y del color. Construye escenarios, viste, desviste, estudia cada punto de luz, hace y deshace. Sólo cuando tiene ante sí lo que imaginó al ver un hombro desnudo bajo la lámpara de un café aprieta el disparador y da vida a una madonna. (Sandra Balvín)

El taller concebido para un grupo reducido esta previsto para los días 20, 21 y 22 de febrero de 2012 y el precio es de 120 euros. RESERVA YA TU PLAZA.

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