ALEXIS EDWARDS. El artista que fotografiaba sueños.

Con apenas 49 años, nos deja de forma inesperada uno de los fotógrafos más sobresalientes y rompedores que ha producido esta tierra. Su memoria, su obra y su legado estará con nosotros  para siempre.

El lunes 27 de julio de 2020 quedará marcado como otro día triste en la historia de UFCA por la pérdida de un amigo, un compañero, un miembro de esta familia, un ser entrañable y sobre todo un fotógrafo único que tenía la extraordinaria capacidad de fotografiar sus sueños.

 

Su perdida, traumática donde las haya, nos ha dejado absolutamente desolados pero se hace necesario un esfuerzo para poner en valor su trayectoria y su legado, y lo hacemos ahora porque así lo quiso el, siempre reacio en vida a protagonismos, exposiciones o cualquier cosa organizada en torno a su persona.

 

Al escribir este post me llegan a mi cabeza tropecientas historias vividas de primera mano junto a el para las que necesitaría las páginas de un par de libros. Alexis no era un socio más, o un buen amigo, que también. Alexis era ALEXIS.

 

El puto amo de los concursos, en los noventa.

 

Alexis llegó a UFCA a mediados de los 90 rompiendo esquemas con unas fotografías innovadoras, impactantes y absolutamente alejadas de lo que por aquellos tiempos se cocinaba en la “concursística”, haciendo del laboratorio que existía en lo que hoy es la biblioteca el lugar donde “vivía”. Era frecuente pasar con el coche de madrugada por la avenida y verlo en pijama y zapatillas en la puerta de la galería virando positivos al sulfuro, que muy posiblemente tendrían que estar al día siguiente en un concurso fotográfico de cualquier punto del país y cuyas imágenes siempre llegaban la últimas, por una manía que le superaba y que según él le traía suerte. Lo cierto es que arrasó durante años en los concursos de este país ante la estupefacción de los tradicionales fotógrafos que copaban el cotarro.

 

En sus inicios estaba fascinado por la obra de Sally Mann y encontró en los libros el camino que el ya tenía esbozado en su cabeza. Sus primeros trabajos los hizo a chicos saltando al agua (Voltereta en el Rio Palmones, 1998) realizadas en su espacio preferido y lugar de refugio: La Playa de El Rinconcillo. De sus escapadas a Marruecos, un país y una cultura que le fascinaba, surgió el díptico del Pueblo de la Amistad (Taghazoute_1997)  con el que gano su primer Concurso:  El Certamen Andaluz de Fotografía Joven que organizamos por aquellas fechas. De esas primeras experiencias surgió el primer gran viaje en 1998:  Senegal de donde trajo un trabajo extraordinario que se convertiría en la antesala de lo que estaba por venir “Cuento sin nombre” su trabajo más emblemático y productivo realizado en el año 2000 en la República Dominicana.  Luego en 2001 viajó a Malasia de donde surgió esa imagen icónica del “Baño al atardecer” en el en la que se ve a un joven monje que se seca el cuerpo tras el baño con una gran toalla que recuerdan alas. Podría seguir narrando cientos de imágenes pero ya habrá tiempo para ello sin embargo no dejaré pasar esta ocasión de contaros que en 2002 viajó a Ghoa (India) y regreso muy pronto, con apenar un par de cajas de diapositivas en color. Era inaudito como tantas cosas que solo el era capaz de hacer. Me llamó, casi en secreto, para que fuera al laboratorio y allí de una de las cajas me mostró un retrato de un joven de ojos verdes posando semidesnudo rodeado de bombillas de colores que me fascinó. Era su primera pieza en color y fue la única imagen que dio a conocer de aquel viaje. Realizó una copia mural de un metro que se adquirió en la última edición de la Bolsa de Compra “Ciudad de Algeciras” y por tanto hoy también es parte de La Colección.

 

Su obra, icónica y fascinante, fue creciendo exponencialmente y siempre ha sido un reflejo de su personalidad y de su relación con lugares que descubría por azar o intuición, bajándose de un autobús y caminando hasta un punto en la lejanía donde al llegar pedía alojamiento. Allí con el tiempo establecía los vínculos necesarios para ser uno más y fotografiar sus creaciones como parte de un juego, dando forma a escenas absolutamente surrealistas.

Le costó dejar el Concurso pero supo hacerlo cuando este comenzó a ser un territorio muy decadente y se centro en los grandes formatos, las ferias de arte y las galerías. Creo que aunque esperaba más de ese mundo, el cambio y la experiencia le sirvió para centrarse en un trabajo aún más personal  que alcanzó el culmen con su última serie “Personajes Bíblicos 2017”.

 

Alexis nos tenía acostumbrados a desaparecer temporadas pero tras esos periodos siempre volvía a UFCA con una lata de Coca-Cola y un cigarro, aún sin encender, en la mano. A mi pregunta de “Killo donde t’as metio” siempre me respondía lo mismo: “Mis cosas”. Peguntaba si alguien tenía fuego, salía a la calle a buscarlo y a continuación volvía a preguntar ¿Que libros nuevos han llegado?. Esta escena la tengo tan metida en mi cabeza que siempre lo voy a recordar cuando este en UFCA y mire hacia la calle.

 

Su generosidad hacia la cultura y la fotografía fue memorable

 

En diciembre del año 2015 conseguimos que accediera a dar una charla sobre su obra en la Escuela de Fotografía, acompañada de la presentación de un porfolio de trabajos que se ponían a la venta a lo que accedió con una condición: Que una parte de los beneficios de las posibles ventas repercutieran en la compra de libros para la Biblioteca. Se compraron libros por un valor de 540 euros, una cantidad que casi igualó aquel año lo que recibíamos de dinero público como ayudas a la Cultura.

 

Un legado que le sobrevivirá para siempre.

En cuanto a su legado artístico lo deja todo en orden, en las manos que siempre quiso que administraran su obra, la Colección de UFCA, a la que acudía con frecuencia a traernos piezas, a firmar certificaciones y sobre todo a ver la obras de otros fotógrafos. El número de piezas de su autoría actualmente en la Colección supera el medio centenar, que van desde pequeñas piezas únicas en gelatina de plata a grandes murales cuya producción dirigía personalmente hasta el más mínimo detalle un trabajo en el que han intervenido especialmente Chema Ferrando, Pepe Gutierrez, y en sus inicios Pedro Majuelos (1956-2011). Ahora ya no estará el para seguir emocionándonos con nuevos trabajos pero deja al menos en nuestra Colección un legado importante y nuestro compromiso inquebrantable de ponerlo en valor por siempre.

Echando la mirada atrás y tratando de poner en orden todas sus vivencias me quedo perplejo ante lo que parece una pieza teatral escrita y ejecutada de principio a fin por su propio protagonista. Un verdadero “Cuento que ya tiene nombre”:  Alexis Edwards.

 

¡Hasta luego Peter Pan!

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